Lógica de Mhyst

Leí, no recuerdo donde, que hemos de escribir para la posteridad. En mi caso, aunque no desprecio tan profundo lema, escribo para mi y -como alguien me dijo, muy acertadamente- para tratar de poner orden en el caos. Sería para mi un honor que mis pobres esfuerzos fueran de algún interés para ti, lector. Pero has de saber que nunca mi aspiración suspiró por esa meta.
Mar
31

¡Nina ha tenido gatitos!

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Más información en la página

Mar
19

Novedades marzo 2010

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Vista general con Santa Apolonia de Alejandría en la columna del fondo.



He actualizado la página Cristo Virtual.

El proyecto sigue adelante. A veces se avanza muy rápido y otras veces se estanca un poco, pero el proyecto seguirá hasta su término, si Dios quiere.

Jul
23

Lili ha muerto

Jun
5

Requiem por las estrellas

Recuerdo que cuando era pequeño el cielo se veía cuajado de estrellas y no era tan negro. Si me esforzaba, lograba vislumbrar más estrellas en los aparentes huecos. Los largos ratos tumbado contemplando plácidamente las estrellas, tratando de contarlas a veces, son algo que, por desgracia, hoy echo terriblemente de menos. Por aquel entonces teníamos en el pueblo iluminación privada. Es decir, quien más y quien menos tenía una bombillita en la puerta de la calle. Había unas que casi siempre estaban encendidas, pero a cierta hora se apagaban. Entonces las noches eran de otra forma.

Abr
12

Vistiendo a la Soledad

Puesto que estamos terminando la Semana Santa de 2009, he considerado apropiado publicar este artículo. Antes de empezar, me gustaría decir que lo he hecho de la forma más respetuosa posible. En parte, mi objetivo al redactar es preservar esta información para las generaciones futuras.

Abr
5

El misterio de la Semana Santa

 

En este artículo trataré de dar respuesta a las siguientes preguntas:


¿Qué se conmemora en la Semana Santa? ¿Por qué Semana Santa no cae siempre en las mismas fechas? ¿Por qué secreto medio se calculan las fechas cada año?

Abr
1

La mesa oscura

Hay, en la ermita del Cristo, una mesa oscura. Pasa las más de las horas apartada en un oscuro rincón. Las miradas, aún encontrándola, la evitan. No es mesa extraña de por si. Es sólo una mesa vieja, con tantas capas de pintura y barnices que ya jamás se trasluce el color de la original madera que le diera vida y forma hace, nadie sabe cuanto. Si se la contempla cualquier día, desde la ignorancia, parece una mesa cualquiera. Vieja, ajada e indolente al papel que al destino plujo encadenarla. En cambio, cuando distraído niño pasea su despreocupada vida por el rincón dónde duerme, esperando, tal mesa; si a tocarla alcanzara, no hay madre que no se apresure a tomarle la mano y llevarselo lejos. A inexpertos ojos, tal parece que la mesa está vencida de vieja y que a tal razón obedece el abandono que sufre, en tan húmedo rincón, adonde nadie se acerca ni osa encaminar sus pasos si no es con miedo y reparo. Pero los más viejos saben que la mesa está retiesa y llegado el señalado día sabe cumplir su función postrera. Cuando doblan las campanas por un vecino, de la misa al cementerio, es costumbre hacer parada en nuestra ermita del Cristo. Allí preparan la mesa y depositan en ella el féretro con el muerto. Suenan cánticos y rezos, y pronto todo se acaba. Sigue el funebre cortejo. El Cristo se queda sólo y en su rincón del olvido, la mesa, sin un suspiro, queda aguardando su siguiente presa.
 
Mar
27

Televisión hoy

Siempre he creido que cuando no tienes nada bueno que decir sobre algo, es mejor no decir nada. Los que sigan este blog sabrán que no escribo por escribir. Normalmente escribo cuando pienso que tengo algo que decir. Esa es una de las razones por las que no actualizo asiduamente. La otra es que soy vago xD. Esta vez voy a saltarme ese punto y voy a decir cuatro cosas sobre la televisión.

Quede claro que el sistema de comunicación llamado televisión no es malo del todo. Tiene. desde siempre, una carencia que es la falta de interactividad. Algunos programas televisivos, a lo largo de estos cincuenta y pico años que llevamos disfrutando de la televisión, han intentado darle al televidente la idea de la interactividad, pero siempre ha sido un espejismo. Vengo diciendo ya varios años que nuestra sociedad se está moviendo a gran velocidad hacia el extremo consumismo y que, aunque parece que todo va a mejor, vamos a peor. No me quiero enrollar mucho con este tema. Si hay ocasión, dedicaré algún artículo a esto que posiblemente sea de vuestro interés. De momento ciñámonos a la televisión. Como ejemplo de hacia dónde evoluciona nuestra sociedad. Voy a intentar estructurarlo en los elementos principales que pienso que se ven con más claridad:

1. La publicidad

Cuando yo era pequeño. Por cierto, me encantaba la tele y veía demasiadas horas de tele pero agusto. Quizás a resueltas de aquello ahora estoy como estoy. Nunca lo sabremos. Como decía, cuando yo era chico, en las películas había sólo un intermedio. Así llamábamos antes a las pausas publicitarias: intermedios. En ese intermedio te daba tiempo poco más que a ir a mear. Ahora tenemos anuncios cada tres frases y duran veinte minutos. Pero no para ahí la cosa. Dentro de los programas también se publicitan cosas. A veces se parte la pantalla por la mitad y flash, un anuncio. ¡Nos meten publicidad hasta en las noticias! 

2. Consumismo televisivo

Volviendo a cuando yo era pequeño, algunos programas admitían llamadas. Generalmente era para hablar con alguno de los invitados o hacer preguntas. Eran teléfonos normales con el prefijo 91. El coste de la llamada era como mucho interprovincial. Ahora las llamadas son a números 900 que llevan un coste adicional. Cada llamada tiene un coste que se refleja en la pantalla en una letra que casi nadie puede leer. Por supuesto las llamadas son filtrada. Te atiende un contestador y, si tienes suerte, puede salir elegida tu llamada. Aunque claro, no suele pasar eso. Muchos programas incluyen recepción de mensajes SMS por los que el espectador tiene que pagar. Supuestamente esos mensajes lo leen o los ponen en pantalla. Claro, una selección de los que reciban. El caso es ganar dinero y con la publicidad no les basta. No menciono la teletienda, por ser una obviedad.

3. Canales de pago

No quiero resultar cansino, pero antes sólo teníamos dos canales: La primera cadena y la UHF o segunda cadena (hoy la 2). Los dos canales eran públicos. Esto quiere decir que estaban alineados con el estado, con lo que no se podía decir cualquier cosa. Sinembargo, los programas eran entretenidos incluso siendo serios. Por aquella época a mi y a mi hermano sólo nos gustaban los dibujos animados, barrio sésamo y poco más. Algunos había que esperar a verlos a la sobremesa del sábado. Durante la semana empezaban a las cinco y media o las seis. Había horas donde desconectaban y nos colgaban la carta de ajuste o nada. A veces estábamos deseando que llegara el día X para ver el programa P. Cuando empezamos a poder ver otros canales, pensamos que habría mucha más variedad. Al principio fue así, pero se han ido homogeneizando. Ahora tenemos unos cuantos tipos de programa y los repiten hasta la saciedad en cualquier canal que veas. Proliferan los canales de pago y supongo que reducen la calidad de los libres para que nos adheramos a ellos. Nuevamente vemos aquí el citado movimiento al consumo. Un consumo casi siempre indiscriminado. El consumo por el consumo. La calidad se ha convertido en un sello por el que se paga (AENOR por poner un ejemplo). Ya no existe el prestigio ni la honradez, la integridad, etc. ¿Para qué, si podemos comprarlo a golpe de talonario y encima nos lo desgrabamos?

4. Contenidos

Miras la guía de la programación y día tras día tienes la sensación de que no hay nada bueno, medianamente interesante. Las series buenas las repiten hasta la saciedad. Invierten en series de creación propia de bajo presupuesto, siguiendo el patrón del culebrón. Esas series en las que nos relatan la vida de unos cuantos en retazos con cristales de colores. El bueno la mala la buena el malo y paremos de contar.Ya no hay serie que se precie que no tenga unas buenas escenas de sexo, aunque no vengan a cuento. Que es casi siempre. El caso es que salgan tetas y culos. La línea argumental carece de importancia. Total, el telespectador estará empalmao y la conciencia se le habrá mudado de lugar para entonces. 

Los programas del corazón no es que proliferen, es que son hiedra venenosa ya y no hay quien los arranque. Este tipo de programas de moral podrida e inteligencia vana, deben de ser muy vistos. Una vez más nos damos una idea de como anda la sociedad. Y dicen que hay crisis... hay más de una.

Todo esto es fruto de una máxima que está en boga en la economía moderna: los beneficios por encima de las personas. Es decir, que lo único que importa son los beneficios. No así a quien perjudiquemos. Al buscarse beneficios, se tiende a proyectar continuamente los programas de mayor audiencia. Con esa moral, nos dan, dentro de las cosas que queremos ver, aquellas con el menor presupuesto posible. Nadie se detiene a analizar lo que convendría que vieramos. No se busca un beneficio cultural o ético para los espectadores sino un mero beneficio económico para la cadena.

Así nos va. No me quiero enrollar mucho más. Si bien me he quedado corto en enumerar las "virtudes" de la televisión, creo que he definido mi opinión sobre los contenidos de la televisión actual y sobre las gentes que los gobiernan. Por todo lo dicho, hace ya tiempo que dejé de ver la tele. Es verdad que la veo a veces cuando como con mi familia, pues ellos no la han abandonado. Pero procuro no observar lo que sucede en esa caja tonta. Os recomiendo lo mismo. Ahora mismo, con Internet, se puede uno preparar su propia programación a la carta sin gastarse ni un euro. 

Mar
19

Camino del cementerio

Esta tarde he ido al cementerio. Antes iba con mi abuela y ahora que ella no puede, lo hago con mi tía.Habitualmente, cuando vamos, no hay gente apenas. A ella le da miedo ir sola, -"no sea que me den un susto"- dice. La verdad es que no me importa ir al cementerio. Casi lo agradezco. Ultimamente no me aparto casi nunca de la pantalla del ordenador. Representa una oportunidad para caminar un poco, observar los retazos de naturaleza que aún nos quedan y muy cerca de casa. Decía que he ido al cementerio y, al ser el día del padre, sí que había bastante más gente que de ordinario: entrando, saliendo, en el camino. Haciendo una excepción, esta vez nos acompañaba mi madre. A dos pasos de la ermita del Cristo nos hemos encontrado con un conocido de ellas y hemos disfrutado de un alto en el camino. De pequeño no me gustaban nada estas paradas obligatorias. Se me hacían interminables. Era común que cuando se despedían, daban unos pasos y se volvían de nuevo a cascar... y otra media hora de alcahueteo. Entonces no había prisas. Eran otros tiempos y otras gentes. Bueno, el caso es que ahora, ya mayor, soy capaz de disfrutar las paradas y comprenderlas. Ahora que lo pienso... me doy cuenta de que cada día que pasa nos cambia irremediablemente y sin contemplaciones. Tras unos cuantos minutos de conversación, hemos proseguido. Enseguida hemos alcanzado el final del casco urbano y ya prácticamente todo era campo. El lado derecho del camino del cementerio está separado de la carretera por setos de aromático romero, intercalado con arboles, en su mayoría pinos. Los árboles están inclinados casi todos peligrosamente hacia la carretera, a la que dan sombra en su margen izquierda. Las abejas pululaban en abundancia rondando las flores del romero. Un escarabajo pelotero cruzaba el camino ceremoniosamente despreocupado. En la tierra las hormigas se afanaban en sus tareas. La primavera no espera. Explota como cada año llenándolo todo de vida, de renacimiento. Nosotros también morimos en invierno, sufrimos podas cada año y renacemos con energias renovadas al llegar la alegre estación. A la izquierda del camino se extienden campos de cultivo. Algunos árboles en la distancia persisten en romper y a la vez forjar el paisaje manchego. Una antigua noria reposa un poco más delante en el "sueño de los justos". Más abajo, su pozo sigue dando agua para regar el trigo y la cebada. El ciprés anuncia con trompetas apocalípticas que estamos llegando al lugar. Nuestro destino. Las paredes blancas se alzan pocos metros. Por encima afloran los tejados de los panteones. En las esquinas, cruces de hierro abrazan el recinto y lo protegen diciendo, "¡cuidado, que pisas suelo sagrado!". La sombra nos recibe al acercarnos. Algunos descansan del camino en los bancos. Hace calor. Se hace difícil pensar que puedan volver los hielos, a quebrar los sueños de algún agricultor. "Cementerio Municipal"- rezan las puertas de reja. ¡Que gracia! !Desde luego, la plaza de toros no es! El cementerio arranca en un pasillo central poco generoso flanqueado por una fila de cipreses. Entrados en años y bastante altos, proporcionan la anhelada tregua del sol. Las lápidas están agolpadas al principio. No hay apenas pasillos para acceder a ellas. Casi todas están orientadas hacia la calle, aunque hay alguna que va al revés del mundo. Esa debe ser la parte más antigua del camposanto. Un metros más allá comienza a haber pasillos hacia los lados formando cruces con el camino central, que proporcionan un acceso digno a las visitas. De hito en hito surge un panteón y otro. Construcciones curiosas en extremo, todas diferentes. Algún día tengo que ir cámara en mano y retratar los más destacados. Recuerdo que de pequeño (y no tan pequeño) me daban bastante miedo. Ahora me siguen causando respeto. No dejan de ser construcciones sombrías y extremadamente contagiosas de su soledad. Porque a pesar de estar rodeadas de sepulcros, los muros aislan el interior dándole un tono siniestro a todo. Si se dice que los muertos están sólos... no me quiero imaginar lo solitarios que se sentirán los que tuvieron la desigual "suerte" de ser sepultados para siempre en esas casas de la muerte, cruel, infame. Una vez dentro, seguimos caminos marcados ya en nuestro subconsciente, de tantas veces recorrido. Vemos nombres conocidos y caras algunas veces... ecos de un tiempo perdido que sufrimos en silencio. Muchas veces eran gentes con las que no tuvimos la fortuna de cruzar ni dos palabras. Gente que quizás formaba parte de nuestro paisaje, al igual que esas casas olvidadas que ya no están donde solían. Es tristeza y a la vez es alegría. Esa dualidad curiosa de la vida que se empeña en seguir a toda costa. Amiga de los cambios y las caras nuevas, enemiga de lo viejo y lo de siempre. Por un día, las lápidas quedan límpias. Nosotros, hoy, ya nos vamos, pero sin duda volveremos. Mientras, sólos, los muertos. De vuelta, escuchando música en mi mp3, con el sol aún vivo pero herido de la tarde; una furtiva mirada a mi reloj me recuerda que la primavera no espera y el tiempo no perdona.
Mar
16

Estudio de la sociedad japonesa medieval

En este estudio de la sociedad japonesa medieval, he querido contraponer los antiguos preceptos con los problemas e hipocresías de nuestra sociedad actual. Dos de los dibujos son acuarelas y el tercero es a lápiz.

 

En la época Heian, llamada así por la capital Heian-kyo (actualmente Kyoto),  las mujeres nobles vestían varios kimonos sobrepuestos. En ocasiones hasta 16. Hoy día, esta costumbre sólo se ve ocasionalmente en los eventos de la familia imperial. Este primer dibujo representa cómo se sentiría una mujer de las de ahora, en julio con 43 grados a la sombra y vestida cereminialmente con sólo 6 kimonos.

 

Este otro dibujo representa a un varón de la casta samurai, un agerrido bushi. Muy poca gente verá algo extraño en nuestro guerrero. La vestimenta exterior es bastante correcta. Se trata de un kamishimo. Un elemento de dos piezas: la superior o kataginu, con esas formas protuberantes a la altura de los hombros, y la hakama, una falda dividida, originalmente para protegerse las piernas de roces al montar a caballo. El problema lo tenemos al examinar el kimono y el obi. El kimono es un furisode. Uno de mangas muy largas que sólo pueden vestir las mozas casaderas. El obi (cinturón)  también es de mujer. Los obis de los hombres son mucho más estrechos y con la hakama puesta apenas se vería. Samurai esconde las larguísimas mangas de su furisode como si le diera vergüenza. Además hay otra cosa extraña. El kamishimo es un elemento de lujo. Un samurái que fuera a luchar no lo llevaría. En cambio, la hakama está recogida en ambas piernas. La hakama lleva un cordel en cada pierna llamado momodachi que sirve para recoger las perneras para que no interfieran con sus movimientos. Al mismo tiempo permitía al oponente ver las posiciones de los pies y así prever los ataques. Esto era una especie de cortesía hacia el oponente. El caso es que el samurai ni lleva la ropa adecuada para luchar, ni tan siquiera una espada. 

 

 

Por último, a las puertas de un templo, vemos una aprendiz de geisha, una maiko. Esta obra contrasta con las otras dos. Por un lado, la técnica es distinta, y por otro lado la vestimenta y el entorno son los apropiados. La joven viste un furisode correctamente. La única pega es que el cuello aparece descolocado en el lado derecho. Junto con la mirada taciturna, he querido expresar la lucha de esta chica contra la extrema sumisión a la que está sujeta. Dentro de esas ropas que casi anulan su ser, se rebela desenfadada.

 

 

Un saludo 

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