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Mar
16

Estudio de la sociedad japonesa medieval

En este estudio de la sociedad japonesa medieval, he querido contraponer los antiguos preceptos con los problemas e hipocresías de nuestra sociedad actual. Dos de los dibujos son acuarelas y el tercero es a lápiz.

 

En la época Heian, llamada así por la capital Heian-kyo (actualmente Kyoto),  las mujeres nobles vestían varios kimonos sobrepuestos. En ocasiones hasta 16. Hoy día, esta costumbre sólo se ve ocasionalmente en los eventos de la familia imperial. Este primer dibujo representa cómo se sentiría una mujer de las de ahora, en julio con 43 grados a la sombra y vestida cereminialmente con sólo 6 kimonos.

 

Este otro dibujo representa a un varón de la casta samurai, un agerrido bushi. Muy poca gente verá algo extraño en nuestro guerrero. La vestimenta exterior es bastante correcta. Se trata de un kamishimo. Un elemento de dos piezas: la superior o kataginu, con esas formas protuberantes a la altura de los hombros, y la hakama, una falda dividida, originalmente para protegerse las piernas de roces al montar a caballo. El problema lo tenemos al examinar el kimono y el obi. El kimono es un furisode. Uno de mangas muy largas que sólo pueden vestir las mozas casaderas. El obi (cinturón)  también es de mujer. Los obis de los hombres son mucho más estrechos y con la hakama puesta apenas se vería. Samurai esconde las larguísimas mangas de su furisode como si le diera vergüenza. Además hay otra cosa extraña. El kamishimo es un elemento de lujo. Un samurái que fuera a luchar no lo llevaría. En cambio, la hakama está recogida en ambas piernas. La hakama lleva un cordel en cada pierna llamado momodachi que sirve para recoger las perneras para que no interfieran con sus movimientos. Al mismo tiempo permitía al oponente ver las posiciones de los pies y así prever los ataques. Esto era una especie de cortesía hacia el oponente. El caso es que el samurai ni lleva la ropa adecuada para luchar, ni tan siquiera una espada. 

 

 

Por último, a las puertas de un templo, vemos una aprendiz de geisha, una maiko. Esta obra contrasta con las otras dos. Por un lado, la técnica es distinta, y por otro lado la vestimenta y el entorno son los apropiados. La joven viste un furisode correctamente. La única pega es que el cuello aparece descolocado en el lado derecho. Junto con la mirada taciturna, he querido expresar la lucha de esta chica contra la extrema sumisión a la que está sujeta. Dentro de esas ropas que casi anulan su ser, se rebela desenfadada.

 

 

Un saludo 

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