Siempre he creido que cuando no tienes nada bueno que decir sobre algo, es mejor no decir nada. Los que sigan este blog sabrán que no escribo por escribir. Normalmente escribo cuando pienso que tengo algo que decir. Esa es una de las razones por las que no actualizo asiduamente. La otra es que soy vago xD. Esta vez voy a saltarme ese punto y voy a decir cuatro cosas sobre la televisión.
Quede claro que el sistema de comunicación llamado televisión no es malo del todo. Tiene. desde siempre, una carencia que es la falta de interactividad. Algunos programas televisivos, a lo largo de estos cincuenta y pico años que llevamos disfrutando de la televisión, han intentado darle al televidente la idea de la interactividad, pero siempre ha sido un espejismo. Vengo diciendo ya varios años que nuestra sociedad se está moviendo a gran velocidad hacia el extremo consumismo y que, aunque parece que todo va a mejor, vamos a peor. No me quiero enrollar mucho con este tema. Si hay ocasión, dedicaré algún artículo a esto que posiblemente sea de vuestro interés. De momento ciñámonos a la televisión. Como ejemplo de hacia dónde evoluciona nuestra sociedad. Voy a intentar estructurarlo en los elementos principales que pienso que se ven con más claridad:
1. La publicidad
Cuando yo era pequeño. Por cierto, me encantaba la tele y veía demasiadas horas de tele pero agusto. Quizás a resueltas de aquello ahora estoy como estoy. Nunca lo sabremos. Como decía, cuando yo era chico, en las películas había sólo un intermedio. Así llamábamos antes a las pausas publicitarias: intermedios. En ese intermedio te daba tiempo poco más que a ir a mear. Ahora tenemos anuncios cada tres frases y duran veinte minutos. Pero no para ahí la cosa. Dentro de los programas también se publicitan cosas. A veces se parte la pantalla por la mitad y flash, un anuncio. ¡Nos meten publicidad hasta en las noticias!
2. Consumismo televisivo
Volviendo a cuando yo era pequeño, algunos programas admitían llamadas. Generalmente era para hablar con alguno de los invitados o hacer preguntas. Eran teléfonos normales con el prefijo 91. El coste de la llamada era como mucho interprovincial. Ahora las llamadas son a números 900 que llevan un coste adicional. Cada llamada tiene un coste que se refleja en la pantalla en una letra que casi nadie puede leer. Por supuesto las llamadas son filtrada. Te atiende un contestador y, si tienes suerte, puede salir elegida tu llamada. Aunque claro, no suele pasar eso. Muchos programas incluyen recepción de mensajes SMS por los que el espectador tiene que pagar. Supuestamente esos mensajes lo leen o los ponen en pantalla. Claro, una selección de los que reciban. El caso es ganar dinero y con la publicidad no les basta. No menciono la teletienda, por ser una obviedad.
3. Canales de pago
No quiero resultar cansino, pero antes sólo teníamos dos canales: La primera cadena y la UHF o segunda cadena (hoy la 2). Los dos canales eran públicos. Esto quiere decir que estaban alineados con el estado, con lo que no se podía decir cualquier cosa. Sinembargo, los programas eran entretenidos incluso siendo serios. Por aquella época a mi y a mi hermano sólo nos gustaban los dibujos animados, barrio sésamo y poco más. Algunos había que esperar a verlos a la sobremesa del sábado. Durante la semana empezaban a las cinco y media o las seis. Había horas donde desconectaban y nos colgaban la carta de ajuste o nada. A veces estábamos deseando que llegara el día X para ver el programa P. Cuando empezamos a poder ver otros canales, pensamos que habría mucha más variedad. Al principio fue así, pero se han ido homogeneizando. Ahora tenemos unos cuantos tipos de programa y los repiten hasta la saciedad en cualquier canal que veas. Proliferan los canales de pago y supongo que reducen la calidad de los libres para que nos adheramos a ellos. Nuevamente vemos aquí el citado movimiento al consumo. Un consumo casi siempre indiscriminado. El consumo por el consumo. La calidad se ha convertido en un sello por el que se paga (AENOR por poner un ejemplo). Ya no existe el prestigio ni la honradez, la integridad, etc. ¿Para qué, si podemos comprarlo a golpe de talonario y encima nos lo desgrabamos?
4. Contenidos
Miras la guía de la programación y día tras día tienes la sensación de que no hay nada bueno, medianamente interesante. Las series buenas las repiten hasta la saciedad. Invierten en series de creación propia de bajo presupuesto, siguiendo el patrón del culebrón. Esas series en las que nos relatan la vida de unos cuantos en retazos con cristales de colores. El bueno la mala la buena el malo y paremos de contar.Ya no hay serie que se precie que no tenga unas buenas escenas de sexo, aunque no vengan a cuento. Que es casi siempre. El caso es que salgan tetas y culos. La línea argumental carece de importancia. Total, el telespectador estará empalmao y la conciencia se le habrá mudado de lugar para entonces.
Los programas del corazón no es que proliferen, es que son hiedra venenosa ya y no hay quien los arranque. Este tipo de programas de moral podrida e inteligencia vana, deben de ser muy vistos. Una vez más nos damos una idea de como anda la sociedad. Y dicen que hay crisis... hay más de una.
Todo esto es fruto de una máxima que está en boga en la economía moderna: los beneficios por encima de las personas. Es decir, que lo único que importa son los beneficios. No así a quien perjudiquemos. Al buscarse beneficios, se tiende a proyectar continuamente los programas de mayor audiencia. Con esa moral, nos dan, dentro de las cosas que queremos ver, aquellas con el menor presupuesto posible. Nadie se detiene a analizar lo que convendría que vieramos. No se busca un beneficio cultural o ético para los espectadores sino un mero beneficio económico para la cadena.
Así nos va. No me quiero enrollar mucho más. Si bien me he quedado corto en enumerar las "virtudes" de la televisión, creo que he definido mi opinión sobre los contenidos de la televisión actual y sobre las gentes que los gobiernan. Por todo lo dicho, hace ya tiempo que dejé de ver la tele. Es verdad que la veo a veces cuando como con mi familia, pues ellos no la han abandonado. Pero procuro no observar lo que sucede en esa caja tonta. Os recomiendo lo mismo. Ahora mismo, con Internet, se puede uno preparar su propia programación a la carta sin gastarse ni un euro.


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