Puesto que estamos terminando la Semana Santa de 2009, he considerado apropiado publicar este artículo. Antes de empezar, me gustaría decir que lo he hecho de la forma más respetuosa posible. En parte, mi objetivo al redactar es preservar esta información para las generaciones futuras.
Esta es la imagen más usual que tenemos de la Virgen de la Soledad. Lo que pocos saben es que detrás de esa apariencia que todos vemos en las procesiones, hay mucho trabajo, dedicación y un gran cuidado. El pasado lunes santo asistí al delicado proceso de vestir la imagen. Vamos a verlo con algunas fotos.
La imagen de Nuestra Señora de la Soledad es una talla de estilo barroco para vestir. Eso significa que, aunque es una figura completa, sólo están bien definidas las partes que van a la vista. A saber, el busto, los antebrazos y las piernas por debajo de la rodilla. Además, por la necesidad de vestirla, los brazos son completamente articulados. Las manos no son originales de esta talla, sino que pertenecían a la imagen de la Virgen de antes de la guerra civil.
Para prepararla para las procesiones de semana santa, lo primero que hacen es quitarle toda la ropa de diario, dejando la camisa. El cambio de camisa se realiza de una forma tan respetuosa, que la imagen en ningún momento se ve sin ropas. En ese y otros aspectos, que veremos a continuación, no es muy diferente a como vestirían a una mujer de carne y hueso.
En la foto de arriba se ve la Virgen con su camisa limpia. Es una camisa de las de antes que le llega hasta los pies. Al lado de la imagen, Aurora, la responsable de vestirla.
En las fotos puede apreciarse que todo lo que lleva la virgen está absolutamente resplandeciente.
El peinado de la imagen es de lo más sencillo. Lleva el pelo recogido en un moño.
Sobre la camisa, le ponen varias capas de enaguas, un cancán que sirve para sostener mejor las capas exteriores de ropajes, una falda y otra camisa encima, esta vez más corta, como se puede ver en la siguiente fotografía.
Este primer plano permite observar el detalle de las lágrimas y la expresión triste del rostro de la imagen.
Detalle de la mano derecha de la imagen. Como ya dijimos, estas manos pertenecieron a la imagen de la Virgen de antes de la guerra, momento en que la mayoría de las imágenes del pueblo fueron destruidas. El lector notará que el estilo y la cantidad de detalles es diferente de los de la imagen actual.
Ya en la foto anterior puede apreciarse el detalle del mandil y los manguitos, que junto con la pieza que cubre el pecho de la imagen, datan de 1920 y pertenecían también a la virgen antigua.
Antes de subirla a las andas para ponerle el manto, tan sólo resta ajustarle el adorno del corazón atravesado por siete espadas, distintivo de esta imagen de Nuestra Señora de la Soledad.
He procurado ser breve en las explicaciones, pero el proceso se prolonga por varias horas. Una vez que la imagen está sobre las andas, se continúa colocando el manto y la corona. El manto es ajustado a conciencia, fijando las manos de la Virgen en la posición definitiva que siempre vemos en las procesiones y en la ermita del Cristo.
Aunque la imagen ya está lista, todavía queda mucho trabajo: poner a punto los candelabros, asegurarse de que se encienden y las flores.
Mi agradecimiento a la Hermandad de la Soledad por permitirme estar presente y fotografiarlo todo.


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