Requiem por las estrellas

Jun
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Recuerdo que cuando era pequeño el cielo se veía cuajado de estrellas y no era tan negro. Si me esforzaba, lograba vislumbrar más estrellas en los aparentes huecos. Los largos ratos tumbado contemplando plácidamente las estrellas, tratando de contarlas a veces, son algo que, por desgracia, hoy echo terriblemente de menos. Por aquel entonces teníamos en el pueblo iluminación privada. Es decir, quien más y quien menos tenía una bombillita en la puerta de la calle. Había unas que casi siempre estaban encendidas, pero a cierta hora se apagaban. Entonces las noches eran de otra forma. La magia tenía cabida en este mundo. Pero cuando yo contaba 12 años un suceso inaudito quebró la habitual paz del pueblo: se estrenó el alumbrado público. Mi primera impresión es que parecía de día. No sé a qué hora se apagan. Son de esas automáticas que la gente no puede apagar desde dentro de sus casas, como antes. Las pocas veces que me he ido a casa a las 5:30 de la mañana, algún sábado, aún permanecían encendidas. Nos han robado la noche. Aunque parece que nadie más que yo lo aprecia. A veces se estropea una farola y una chispa de esperanza resurge en mi. Pero siempre, al final, hay algún vecino que se queja, y la arreglan. ¿Cómo quieren que busque mis caminos, sin estrellas? Sólo la osa mayor me acompaña hoy. Nos conocemos bien los dos. Ambos echamos de menos a las demás, casi todas parecen habernos abandonado. ¿Alguien sabe donde han ido las estrellas?

Hoy le he pedido al alcalde de mi pueblo que dedique un día al año a la memoria de las estrellas. -Ese día, si no enciendes las farolas, quizás vuelvan- le he dicho. Ni siquiera lo ha pensado… -NO. - Tenemos ahora otras estrellas más cercanas, pero sin magia. ¿Serán las estrellas como dioses, que tienen celos unos de otros? ¡Músicos, escribid un requiem para las estrellas!

Villafranca de los Caballeros, a 28 de Junio de 2006. 2:11 am

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