Sobre la universalidad de las opiniones
Cuando examinamos este asunto, la pretendida opinión universal es la opinión de dos o tres personas. Y debiéramos quedar convencidos de ello si vemos la manera en que realmente surge esta opinión universal.
Hallaríamos que, en primer lugar, son dos o tres las personas que, en primer término, aceptaron esta opinión, o la expusieron y defendieron; y la gente fue tan buena como para creerse que lo habían comprobado realmente. Después, unas personas más, persuadidas de antemano que los primeros hombres tenían la capacidad necesaria, aceptaron la opinión. Estos, a su vez, recibieron la confianza de otros muchos, cuya pereza les sugirió que mejor sería que lo creyesen de una vez, en lugar de tomarse el trabajo de comprobar el asunto por sí mismos. Y es así como creció de día en día la cantidad de estos crédulos y perezosos partidarios, porque apenas llegó esa opinión a tener un cierto apoyo que sus partidarios adicionales atribuyeron esto al hecho de que la opinión sólo hubiese podido ganar a tantos debido a lo convincente de sus argumentos. El resto de la gente se vio a su vez obligada a aceptar lo que estaba aceptado universalmente, a fin de no pasar como personas rebeldes que se resisten a las opiniones aceptadas por todo el mundo.
El bien del estado
Empezaré con un fragmento del evangelio de San Mateo que supongo todos reconoceréis:
"Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal."
Dicho así, para algunos sonará muy abstracto; pero si digo que los dos señores son: uno el bien del estado y otro los votantes, entonces ya nos vamos centrando y acercándonos al problema que trato de plantear. Empecemos con las siguientes premisas:
a) Todo partido político quiere el bien para el estado.
b) Un partído político puede proporcionar bien al estado si y sólo si consigue representación parlamentaria en unas elecciones.
c) Todo partido político necesita votantes para obtener representación parlamentaria.
d) Cuanta mayor representación parlamentaria tenga un partido, mayor bien estará en condición de procurar al estado.
e) El partido que más representación parlamentaria obtiene es el que forma gobierno.
De estas premisas, la a es la que tratamos de probar. Las demás, si no hay objeciones, las consideraramos como verdaderas.
La sucesión de premisas a, b, c, d, e implican que:
f) Los partidos políticos persiguen gobernar.
La deducción más inmediata que se sigue de semejantes premisas es que a mayor número de votos mayor bien. Por lo tanto, si un partido político quiere aportar beneficios del tipo que sean al estado, debe atraer o seducir a un gran número de votantes. No es de extrañar, pues, que los partidos establezcan sus prioridades de manera que captar votantes sea lo más importante. Es lógico: no hay votantes/no se puede hacer el bien. Así mismo, un partido que acceda a gobernar querrá seguir gobernando para seguir aportando bien al estado. Luego:
g) El partido que gobierna quiere seguir gobernando.
h) Lo más importante para un partido son los votos.
Consideremos ahora una acción factible de la cual se sabe, sin lugar a dudas, que de ejecutarse acarrearía un gran bien para el estado. En ese caso, no llevar a cabo tal acción, omitirla, significaría hacer un mal. Un mal proporcional al bien omitido. Si todos estamos de acuerdo, eso daría lugar a una premisa nueva:
i) No hacer un bien factible al estado es hacer un mal al estado.
¿Qué motivos puede haber para no ejecutar una acción que está al alcance de la mano y que ciertamente beneficiaría al estado? Evidentemente, si ejecutar tal acción conduce al partido a una pérdida de votos, esta acción colisiona con la premisa h. Por lo tanto un partido político consentirá en hacer un mal al estado para no perder votantes. Sus representantes pensarán que es un mal menor para permitirles seguir haciendo el bien. Nadie dudará ahora de la veracidad de la siguiente premisa:
j) Los partídos políticos hacen mal al estado.
¿Cómo, si los partidos quieren el bien para el estado, pueden hacer el mal al estado? Antes de seguir, permiteme que añada algunas premisas más:
k) Los partidos que gobiernan ganan más dinero.
l) Los partidos buscan su propio bien.
Estas dos últimas premisas no permiten lugar a dudas. La primera es un hecho probado (ganan múcho más, directa e indirectamente). La segunda es un resultado lógico si consideramos que todo individuo persigue su propio bien. Y además, es una deducción natural de las premisas k, f, g y h.
Cómo decíamos al principio, no se puede servir a dos señores:
m) Los partidos harán el bien si y sólo si con esa acción no pierden votantes.
n) A los partidos no les importará hacer el mal con tal de ganar votantes o de no perderlos.
Podría alargarme mucho más, pero prefiero terminar con una conclusión completamente lógica y que concuerda exáctamente con lo dicho por Platón:
z) Quien busca su propio bien no puede hacer el bien al estado.
Siéntete libre de comentar. Las críticas son bienvenidas.Habló Platón

"... Y así, tanto para vuestra dicha como para la de la república, el gobierno de nuestro estado será una realidad, y no un sueño como en la mayor parte de los demás estados, donde los jefes se baten por sombras vanas, y se disputan con encarnizamiento la autoridad, que miran como un gran bien. Pero la verdad es, que en todo estado, en que los que deben mandar no muestran empeño por engrandecerse, necesariamente ha de ser bien gobernado y ha de reinar en él la concordia; mientras que dondequiera que se ansía el mando, no puede menos de suceder todo lo contrario."

